Filosofía de Educación

Cuando pienso en cómo entiendo la Educación, la cabeza se me llena de ideas, de metodologías para usar, de posibilidades que explotar, de variables a tener en cuenta,… como si tuviera una alacena llena de los mejores ingredientes para hacer un magnífico plato. He leído mucho y estudiado esos ingredientes, como todos los que vivimos con pasión cómo debe ser la escuela del siglo XXI y puedo decir que lo que tengo más claro, es que no creo que la Educación se tenga que basar en una única visión.

Somos testigos de un surgimiento (y resurgimiento) de diferentes teorías, visiones, filosofías, muchas maravillosas, por lo que no soy partícipe de una visión unitaria, sino en la creación de sistemas educativos inspirados en aquellas ideas que tengan una repercusión positiva en una determinada comunidad educativa dentro de una determinada cultura de aprendizaje. Es decir reflexionar acerca de ¿qué necesitan mis niños para desarrollar su potencial? ¿Cómo puedo con mi guía y orientación potenciar su talento? ¿cómo debe ser la escuela para convertirse en una comunidad de pensamiento y enseñanza y aprendizaje auténtico? ¿qué y cómo tengo que enseñar para que mis alumnos sean adultos felices, qué conviertan este mundo en algo todavía mejor con sus acciones e ideas?

Podemos pensar en cómo debe ser un sistema educativo de un país, sentando unas bases generales y unas áreas de trabajo a desarrollar, sin embargo qué necesita un niño niños de un pueblecito quizá, no podamos definirlo en un gobierno central con políticos que no conocen esos niños ni ese entorno.

Se que cuando se habla de educación personalizada, los maestros se llevan las manos a la cabeza, y con razón. Con razón, porque parece que en este sistema educativo que vivimos en España, dónde un docente además de maestro o profesor es administrativo, orientador, malabarista, …  la calidad  educativa se tiene que ver reflejada en la motivación por aprender de un niño o niña, no en el papel. Desde mi punto de vista me parece trascendental documentar el aprendizaje en el aula, a través de los recursos tecnológicos que tenemos a nuestro alcance (en aquellas comunidades educativas que disponen de ello) y/o a través de los recursos que se generen en el aula, es decir el trabajo de los alumnos representado en sus actividades, y no me refiero a la cantidad de actividades realizadas, sino a su implicación en ellas. Y ojo que tampoco digo calidad, que a veces calidad se confunde con cómo se espera que el niño desarrolle su actividad, su proceso de aprendizaje.

En relación con lo anterior, la clave de un sistema educativo de éxito desde mi punto de vista, si definimos éxito como que los niños y jóvenes, se involucren en su aprendizaje y desarrollen su potencial, es el maestro. Me explico: los protagonistas sin lugar a dudas son los alumnos, pero el agente que guía, acompaña, conoce a cada niño y joven, tiene las herramientas para potenciar el aprendizaje en el aula y despertar la curiosidad la motivación e interés,… es el maestro. Por tanto al mismo tiempo que pensamos qué tenemos que enseñar a los niños del siglo XXI, tenemos que reflexionar cómo debe ser un maestro, cómo puede enseñar para desarrollar los contenidos que creemos que deben saber esos ciudadanos, futuros adultos y profesionales. El sistema educativo cambia cada vez que se cambia el gobierno, es un tema en boca de todos, se hacen programas especiales debates en la televisión, … sin embargo nadie habla del curriculum de magisterio. ¿cómo se están formando los docentes? Y por otro lado, todo el mundo tiene derecho a estudiar sin embargo ¿todas las personas que estudian magisterio tienen la misma vocación?

Hace poco H. Gardner hablaba de su proyecto “Goodwork Project”, para el que entrevistó a más de 1.200 individuos. Y según palabras textuales de la entrevista: “Descubrimos que no los hay. En realidad, las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes. Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos.  Entonces, según esta premisa ¿cómo debe ser un profesional de la educación? ¿qué significa para un maestro, orientador,… ser comprometido? Creo que una persona que trabaja con niños debe comprometerse con su trabajo con la honorable tarea de guiar el aprendizaje de un niño. Recordemos, somos los maestros de las personas que harán la paz mañana, tenemos la responsabilidad de ver más allá de un numero, una lista, una nota,… Y no importa si te gusta más una metodología u otra o si usas todas, lo importante es el compromiso, la ética, la relación que se genera ente el alumno y el maestro, lo que importa es la pasión con la que vives tu trabajo, porque esa es la pasión que sus alumnos tendrán estudiando, cooperando, compitiendo, y será la pasión que pongan en alcanzar sus sueños.

A este respecto estoy con Malala Yousafzai, “Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”(Discurso ante la Asamblea General de la ONU).

 

Anuncios